lunes, 17 de noviembre de 2008

Quisiera tener alas

Quisiera poder tener alas, para elevarme alto, muy alto, hasta donde el lado de abajo no pueda perturbarme y las nubes me sostengan dormido. Y no abrir los ojos, mantenerlos cerrados por inercia, adormecido con este cuerpo que nada pretende ya entender, viendo cada rescoldo de paz extraviarse en misivas esporádicas, forzadas a encontrarte en cada parada...

¿A dónde van las palabras? ("...detrás de ti...", "...sueños etereos...", "...matando a la vida..."), ¿A dónde, la razón que poseo?

Laten con fuerza aquellos latidos que van desde afuera, del lado oscuro, hasta mis oídos.

Subiendo, o con el afán de detenerse para dar vuelcos y más vuelcos, la melodía me envuelve, disolviéndome en una encrucijada poco acogedora, brutal, que me abstrae de este mundo irreal (ya no estoy seguro de que todo lo que me rodea sea real)

Quisiera tener alas, unas alas ennegrecidas, grandes, resistentes. Con ellas espantar a los pájaros, al viento, a la claridad del día (sí, cuando el sol toque mis ojos, que mis alas sean un refugio). Que cada vuelo, sea infinito, irreversible, letal. Volar, pero volar con furia, sin escatimar el cansansio.

Abrir el sueño con palabras, encontrar una sonrisa enajenada en tus facciones, ¿ya voy? "¡Detente aún! ¿No ves que está despierta?"

No veo más que el infinito, y un sol (aquél que pretende ser un espejismo), uno muy frío, oscuro, nebuloso... Lo bueno es que al rededor todo brilla. Y estas burdas alas, que ya empiezo a imaginar, han de ayudarme...

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