viernes, 31 de agosto de 2012


Conocí a Félix una mañana que llegó a mi casa con alguno de sus poemas bajo el brazo, gracias a nuestro amigo común Miuler Vásquez, presidente de Rezistencia. Por aquel entonces me hizo conocer parte de su trabajo y de alguna manera me vi involucrado en la preparación del libro Latidos, ya que hice la diagramación inicial y eso me permitió apreciar con cierta profundidad la calidad de su trabajo.

Observo en Latidos, una profunda preocupación por los problemas que le aquejan a los individuos, en especial a la mujer, individualizada en la esposa-amante, niña, madre, a quienes les va tratando de diferentes maneras en poemas como «Lucero», «Madrecita», «Amada», «Ojos bellos», «Colibrí», etc. Diremos que se entremezcla la nostalgia, con cierta angustia y dolor, como el poema que da nombre al mismo: «Dolor» (uno de los que me gustan por la contundencia en su construcción, simple y compleja al mismo tiempo).

Se podría decir que el libro está dividido (tácitamente) en cierta dirección como el abocarse al amor nostálgico, a la denuncia social de un individuo que ve el mundo algo apesadumbrado; y para eso se auxilia de los elementos de la naturaleza como las piedras, el fuego, la luz y sus frutos como la caña; hasta el verso adquiere vida propia al reclamar voz para "los pobres indigentes y se enrola militante del ejército de hambrientos".

Sus versos simples, de fácil lectura, por momentos empleando la rima tradicional, lo hacen accesible a todos los niveles, porque es directa, contundente y de un lirismo que lastima, acongoja y nos enternece. (Juan Rodríguez)

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