miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ribeyro del Perú


El autor que marcó un hito en la historia de la literatura peruana contemporánea, dicen los entendidos, incluyendo a mi amigo Oswaldo Gonzaga, es, sin lugar a dudas, Julio Ramón Ribeyro. Particulamente, en cambio, me atrevo a no darle todo el crédito; no, porque "lo bueno ya no es de nadie, sino de la tradición".

Pero Ribeyro se adelantó a su época, asumió el tiempo imperecedero con proyección de titán, sin relegarse a la rutina de los años de encuentros y extravíos que vimos venirse con horror, miedo, súplica, siempre o muy exagerada o sin sentido pero rutina al fin y al cabo.

El mundo urbano se posicionó en páginas de precisión, destinado a ser otro, cambiante pero efectivo; entonces, una determinación de engendro, de luz, de efectividad, fue marcando el concepto de creación, desde los extremos inmensamente congestionados.

Hoy me detengo en mi afán de ser analítico, en vano, porque cada quien asegura ser más creativo que el otro, y en este ciclo infinito, "la palabra del mudo", título tan bien recreado en una selección de cuentos de Ribeyro, me recuerda a ciertos compatriotas, vecinos ellos, que asumen privilegios de excelsitud solo por el hecho de administrar esos recursos que provienen de nuestros impuestos. La diferencia, es bueno decirlo, está en que la mudez se ha degenerado en palabras seudo convincentes, destinadas a ser un ensayo de proyección social. 

Ribeyro, grande, has premeditado el acontecer de los necios, tu palabra nos ha llevado al inconsciente desastre que ahora vivimos. Y es que hasta para vivir, quienes lo encuentran divertido, asumen identificar los espacios y las formas adecuados. Hoy estas líneas se apresuran llenas de desconsuelo, lo admito, asumo y evidencio el riesgo. 

(El director)// 

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