jueves, 25 de octubre de 2012

Relato: El secreto de Dora


Autora: Diana Torres Castre
(Morales, 1993) Belleza, juventud y mucha creatividad, encontramos en esta joven escritora, que se proyecta a publicar, muy pronto, uno de sus trabajos inéditos.


―¡Aquí!, ¡aquí ―exclamaban el reconocido Tío Pancho y su fiel acompañante de faena, Gustavo Lara.

Sorprendido por los gritos, el equipo de rescate dio media vuelta y apresuró el paso; lo lamentable fue cuando lograron identificar el cuerpo que habían encontrado. Se trataba de Ezequiel Puyol. Entre escombros y basura, yacía su cadáver con ligeros signos de descomposición. Según los forenses, el cuerpo tenía aproximadamente de 18 a 24 horas de haber sido muerto, ¿cómo llegó a encontrarse en aquella zona, donde la selva pura clama privacidad para sus no domesticados inquilinos? Allí fue donde se inició la labor de los investigadores. Sin más pistas era difícil de armar este rompecabezas; sin embargo, gracias a que uno de ellos encontró la billetera de Ezequiel, entendieron que el asesino no tenía razón de robarle: había dinero y documentos importantes dentro de ella. 

Los disparos propinados fueron tres: en la cabeza, a la altura del pecho, y en la nuca. Era más que evidente que la intención había sido acabar con su vida, sin duda estaban en la escena de un crimen premeditado, cada paso parecía estar planeado al detalle. Tras observar y tomar algunas pruebas de ADN y fotografías, concluyeron que fue precisamente en ese lugar donde ocurrió aquel inescrupuloso homicidio. 

Aquella ciudad se caracterizaba por poseer diversidad de bosques donde el clima suele ser más cálido y acogedor; no obstante, fuera de estos, el calor perturbaba la conciencia a más de uno, por tanto si le hubiesen disparado estando en el pueblo, por ser una comunidad pequeña, los disparos hubiesen sido imposibles de no ser escuchados, además llevar arrastrando su cuerpo hasta el bosque luego de haberlo asesinado era algo poco creíble e inconvincente. Agregando que por el clima no hubiera podido permanecer con ligeros signos de descomposición más de 6 horas (realmente el sol ardía a casi 40 grados), y por horas que los forenses le dieron de muerto, estaba claro que el cadáver pasó sus últimos momentos junto al templado y solitario bosque. Lo insólito era que precisas fueron las acciones que él o los victimarios tomaron, pues dentro estaban proporcionadamente divididas la flora y fauna: a orillas del río que rodeaba el cadáver solo habían piedras, hierbas, árboles, vegetación en abundancia…, mas los salvajes y depredadores animalitos se encontraban al extremo, al otro lado del camino, en la profundidad opuesta del lugar. 

Ahora que lo pienso, en sus planes estaba que encontraran el cuerpo sin vida de aquel exitoso empresario.//

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