miércoles, 24 de octubre de 2012

Relato: Eterna compañía


Autora: Elsa Angulo Vásquez

¿Quién es la autora?
Nacida en Moyobamba, profesora de comunicación y autora del libro de relatos "Lamento de la selva". Parte del grupo literario "Luis Hernán Ramírez".

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Mientras camina por aquel angosto y sinuoso camino, un frío intenso se cala en su piel; pero no solo es por la fuerte brisa de la noche, sino por el miedo que experimenta. Se encuentra sola, rodeada de árboles que rozan su rostro mientras avanza. El lugar a donde se dirige le parece conocido, pero que no recuerda, es todo muy confuso. A lo lejos, el camino se abre para dar paso a un enorme y misterioso árbol, sabe que ha llegado, se acerca lentamente y  acaricia una de sus prominentes raíces. De pronto esta se mueve, la coge de las piernas y la arrastra hacia una gran abertura que forma parte de su tallo, grita y trata de zafarse.  Inesperadamente abre los ojos, suda, está muy nerviosa y tarda unos minutos en darse cuenta que todo ha sido un sueño, una más de sus pesadillas
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Al día siguiente se dirige a su chacra, va por el camino más corto. A pesar de las pocas veces que pasa por allí, siente un leve estremecimiento: es el mismo escenario que aparece en sus pesadillas. Esta vez se aleja del camino y se acerca a los árboles y nota que ninguno se asemeja al que se revela en sus sueños; sin embargo, ella sabe que está allí,  por lo que se interna más en el lugar, una fuerza extraña la obliga a hacerlo. Mientras avanza cree escuchar bisbiseos, aunque luego concluye que es la brisa del viento que la hace imaginar cosas. Hasta que lo ve, al fondo del camino, se eleva gigantesco e imponente, apartado de los demás, con una apariencia mustia. Se acerca a él, observa sus enmarañadas raíces, "son las mismas", piensa, no cabe duda, ese es el árbol. Ahora que está cerca, ya no experimenta ningún temor, recorre con sus manos su voluminoso tallo y se detiene en una abertura enorme en el que podría caber fácilmente, advierte la oscuridad del orificio y eso sí que le atemoriza, se pregunta qué habrá dentro, animales peligrosos, seres extraños, o solo la lobreguez. Intenta encontrar una respuesta, mas el silencio y la quietud del lugar le indican que las situaciones que suceden en sus sueños, solo son alucinaciones y que nunca podrían ocurrir.
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Ya oscurece, no es la primera vez que Eleonor regresa a esa hora: lo hace con mucha frecuencia, aprovechando el frescor del crepúsculo. Se lleva una gran impresión cuando al cerrar el portón de su chacra, siente que una mano la sujeta por la cintura; voltea y se encuentra con el rostro grasiento de Oscar. No lo puede creer, es la primera vez que se atreve a ir a buscarla hasta allá. Apura el paso, decide tomar el camino más corto; Oscar la sigue, está ebrio, la invita a subirse a su moto, es evidente que ella está alterada, temerosa, le asusta encontrarse allí con ese hombre, y se niega, lo que provoca que él la coja fuertemente del brazo y la acerque a su lado, que ya está cansado de que lo desprecie, que no seguirá burlándose de él, le dice y la sujeta de los brazos, hasta lastimarla; pero esta logra librarse. Corre, Oscar la sigue en su moto insistiéndole que suba para que la lleve a su casa, pero no confía en él, sigue corriendo y él sigue insistiendo. Se apresura a esconderse entre los renacos con la esperanza de que él se aleje; entonces Oscar baja de su moto y la persigue, la llama y no obtiene respuesta, lo que lo enoja aún más. Sigue acercándose, escucha su respiración, Eleonor se encuentra escondida detrás de uno de los árboles, inmóvil; él logra ubicarla, esta vez la sujeta con más fuerza, le pide que no se resista, que la ama, que se casarán, que no quiere lastimarla, y que no le deja otra opción, que si no quiere por las buenas, tendrá que utilizar la fuerza. La golpea en el rostro, ella llora, suplica, implora, sin embargo él está como poseído, no la escucha, intenta besarla y ella lo muerde tratando de zafarse, y lo único que ocasiona es fomentar su ira. La golpea nuevamente y a esta se le van las fuerzas, cae, vuelve a rogar, a suplicar y él sigue sin escucharla, abre violentamente su blusa y a ella le quedan al descubierto sus blancos pechos; él los estruja, los recorre con esa lengua asquerosa, lo que despierta aún más su morbo. Intenta alojar bruscamente sus manos torpes entre sus piernas, Eleonor trata de resistirse, patea, araña, grita, pero no logra librarse,  él continúa lastimándola.  De pronto, de entre el silencio de la noche, que era interrumpido por los gritos de aquella desesperada mujer, surge un rugido estrepitoso que aturde a los invasores de aquella quietud. Oscar se detiene, se pone en pie, se escucha otro rugido mucho más cerca. Él maldice, Eleonor aprovecha para levantar su golpeado cuerpo, arreglarse  la blusa e intentar huir, pero Oscar la detiene con la intención de continuar con su agresión. Es entonces cuando escuchan otro rugido detrás de ellos, voltean y lo ven, es un animal descomunal, los ojos le brillan como chispas de fuego,  sus cuatro patas  pisan firmes el suelo rugoso, luego da unos pasos alrededor de ellos con una astucia felina como cuando se dispone a atacar a su presa, les muestra sus enormes colmillos en actitud amenazante. Eleonor no puede sostenerse en pie por lo asustada que está, entonces se arrima a uno de los árboles que por allí abundan; Oscar, por el contrario, trata de huir, mas de un salto el feroz animal se impone frente a él, cercándolo, lo derriba y lo atrapa en sus fauces para luego arrastrarlo hacia ese gigantesco e imponente renaco, que parece esperar ávido la llegada de aquel invitado involuntario. La abertura que posee en su tallo se abre en toda su proporción y da paso al animal que lleva entre sus colmillos a Oscar, que permanece  inmóvil e inconsciente ante todo lo que ocurre. Luego el silencio, ella está aterrada, no sabe si permanecer allí sentada o huir de aquel lugar, ¿y si aquel animal aparece nuevamente? ¿Acaso es otra de sus pesadillas? Se siente tan vulnerable, se coloca en posición fetal y se cubre el rostro para poder llorar y desahogar las emociones contenidas. Es cuando siente que alguien se aproxima por el ruido que provocan las hojas secas al ser reventadas por unas pisadas, levanta la mirada y lo ve frente a él, su traje blanco resplandece en la negrura de la noche, la coge de la mano y la ayuda a levantarse; aquel hombre seca sus lágrimas y la abruma con su blanca sonrisa, es un momento mágico, ya no está asustada, está embrujada con esa mirada enigmática. Agarrados de las manos como si se conocieran de siempre, avanzan hacia el renaco, el mismo de sus sueños. Se aproximan a la grieta del cual brota un sutil resplandor. Una brisa ligera besa sus rostros sonrientes y se pierden en aquel tallo.

      Desde esa noche, aquel renaco ya no muestra una apariencia mustia,  sus hojas crecen frescas, ya no está solo, a su lado se levanta otro árbol cuyas ramas y raíces se entrelazan con las de él, siempre juntos, eternamente.//

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