jueves, 13 de diciembre de 2012

Peruano ilustre: López Albujar


Enrique López Albujar:

Nació en Chiclayo, el 23 de noviembre del año 1872 y murió en la ciudad de Lima, el 6 de marzo de 1966, a los 94 años de edad.

Este mestizo costeño, escritor mulato nacido en la costa chiclayana, aparece en la literatura peruana liquidando definitivamente el indianismo y abriendo los diferentes senderos que adopta el indigenismo en el Perú. Es la repulsa al caciquismo, al feudalismo, al militarismo y conformismo. Ya no es el humanismo sentimental de Clorinda Matto, ni el paternalismo hipócrita, ni la aduladora imagen de un ser sumiso, tímido, encasillado en añoranzas del pasado, o el desvalido digno de conmiseración.

El joven estudiante del Guadalupe y la "U" de San Marcos fue siempre de un espíritu insumiso y temperamento levantisco que en el quehacer periodístico de sus inicios escribía versos de extensión corrosiva y párrafos virulentos. "La Tunda" y "La Cachiporra" eran diarios desde donde disparaba aceradas críticas con el seudónimo de Sansón Carrasco; lo que le valió también el encarcelamiento.

Sin embargo el influjo de Gonzales Prada y Unamuno hizo que no decayera; incluso cuando fue rechazada su tesis doctoral "La injusticia en la propiedad del suelo" (por su fuerte dosis de ideas anarquistas, dijeron); pero inmediatamente presentó otra: "¿Debe o no reformarse el artículo 4º de la Constitución Política?"

No podían contra el flamante abogado que seguía disparando desde diarios como "El amigo del pueblo" y "Palos al viento".

De su norte costeño surgen sus "Cuentos de arena y sal", "Poemas de la tierra brava" y después su novela "Matalaché".

Su labor de juez y magistrado que lo llevó a Huánuco y otros lugares muy apartados de la Sierra hizo que entrara de lleno en contacto con los indios auténticos y todo su drama vital.

De estas sus experiencias como escritor y hombre de leyes surgen sus "Cuentos andinos" y "Nuevos cuentos andinos". Muestran como vive el indio en 
comunidad: hechos, costumbres, tradiciones y paisaje serrano. Llegó a conocer de cerca el alma del indígena. No lo idealizó, no lo estilizó, sino que lo presenta en toda su realidad brutal. Ahonda en la descripción sicológica, sobre todo en temas relacionados con el delito en sucesos no exentos de cuadros horrorosos, de finales violentos y hasta macabros y sangrientos como en "El campeón de la muerte".//


Obras en prosa: "Cuentos andinos", "Cuentos de arena y sal", "Matalaché", "El hechizo de Tomayquichua", "Los caballeros del delito", "De mi casona" (Memorias).

Obras poética: "Miniaturas", "De la tierra brava", "Lámpara votiva".  


DATOS

- Estuvo en la cárcel por sus comentarios ásperos en los periódicos. 
- En el año 1950, recibió el premio nacional de novela.
- Fallece a los 94 años, dejando un legado literario en las letras peruanas.


Análisis de su obra

El campeón de la muerte: su forma, sus hazañas con el máuser habían trascendido fronteras. Su oficio era matar. Juan Jorge se alquilaba, pero solo para venganzas justas. Un caza recompensas muy caro. Cuando el viejo Liberato Tucto le propuso para que matara a Hilario Crispín, que había abusado y asesinado a su hijo, le aceptó a cambio de dos toros. Pero cuando el viejo le pidió que primero lo haga padecer  ̶ "De a diez tiros que sea, y el último sea el que lo despene" ̶ , Juan Jorge le dijo: "Pides mucho". "Se te pagará taita. Tiras bien y te será fácil. Además recibirás un carnero de yapa".

Y así lo hizo. Un ritual de muerte sangriento y macabro. Muerto ya, el Tucto le sacó los ojos. "Estos para que no me persigan y la lengua para que no avise".

"Y para mí el corazón", dijo Juan Jorge. "Me lo comeré porque es de un cholo muy valiente".

Ushanam Jampi. (En aquellos lugares tan alejados donde no hay la presencia del estado, la justicia y la venganza configuran un cuerpo de leyes de uso y vigencia singulares donde se aplicaba este castigo).

Conce Maille, reincidente, es hallado culpable del robo de un toro y sometido al implacable acto de justicia que el Tribunal de los Yayas de Chupán aplicaba a un hijo indócil y relapso en la comunidad. Después de haberle dado la oportunidad de enmendarse y reconciliarse, se dio el castigo legal, es decir, el exilio, la expulsión definitiva del seno de la comunidad. ¿Pero qué es el indio sin su tierra, su madre y su choza? Así que, prefirió volver y sufrir el Ushanan Jampi, que era lo mismo que la pena de muerte; arrastrado sangrientamente y desplazado por la turba ante la presencia y el inmenso dolor de su madre. 

(No podía ser de otra forma sino fuerte, violenta, dramática, desgarradora, a veces sangrienta como cuando se refiere a leyendas y tradiciones en torno a célebres bandoleros y errabundos matarifes. También sabe darle el toque romántico, aunque un poco brusco en sus cantares afroyungas. Su estilo es real naturalista. Describe la vida activa, dura y sombría con un marcado lenguaje directo y seco como Hemingway. 

Se le ha criticado a López Albujar que solo observa y abarca una visión, un aspecto de la realidad. Pero sus personajes no son arquetípicos, menos paradigmas; son individualidades, muchos, seres marginales que emanan emociones primitivas de la dura vida en la sierra. El narrador nos habla y nos hace reflexionar. Sus historias no son meros accidentes policiales delictivos. Solo que él narra una realidad dolorosa que muchos se resisten y prefieren rehuir. Él está valientemente pronto al alegato y a la denuncia como en su novela ya clásica en las letras peruanas.)

Matalaché: Es la historia de los amores ocultos y prohibidos entre María Luz, hija del hacendado esclavista español Juan Ríos y Zúñiga, dueño de la hacienda la "Tina", y el mulato José Manuel Matalaché.

Con la complicidad de su sirvienta, María Luz logra introducirse en la barraca, donde enviaban a los negros para que se apareen, ya que necesitaban esclavos como mano de obra. Allí se da el encuentro de los amantes. El embarazo precipita la cólera y el odio del padre, que decide acabar con la vida del semental humano arrojándolo al perol hirviente donde se cocinaba el jabón. José Manuel todavía le alcanzó a decir, antes del alarido: "¿Va a hacer jabón conmigo? Pues que le sirva para lavarse la mancha que le va a caer y la niña María Luz lave a su hijo, que seguro será más generoso y noble que usted, como que tiene sangre de Sojo".

Los negros todavía contaban en las noches, rasgando la triste guitarra, la conocida copla sensual: Mátala, mátala mátala ché / No te la comas todita pa' ti / deja una alita siquiera pa' mí.//

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