martes, 11 de diciembre de 2012

Relato: Joshé


Joshé era un personaje malísimo conocido en el Alto Mayo, sobre todo en Rioja, su tierra natal, por las peculiaridades que él tenía: Experto tejedor de sombreros, siendo esta actividad propia de mujeres; cartomántico, pero en sus vaticinios acostumbraba mayormente decir con su voz melindrosa: te acompaña una mujer trigueña, aunque el usuario no tenía ni siquiera enamorada. Y en una actitud propia de bohemios se zampaba sus chuchuwashas y como era blanquiñoso, cuando empinaba el codo su rostro se ponía sonrosado.

Y estando con sus alcoholes era más desvergonzado, a tal punto que incluso cometía latrocinios. Una mañana, Joshé estaba caminando por la calle y al pasar frente a una casa vio a una señora que estaba tejiendo. De inmediato él se acercó y ofreció sus servicios como tejedor, ofrecimiento que la mujer aceptó de buen grado, le dio la obra y se metió en su cocina a preparar el almuerzo. Pero se dio el caso de que ella no tenía plátano para el inguiri, por lo que le contó a Joshé que no tenía dicho artículo. Él, ni corto ni perezoso y con gesto zalamero, dijo: "Selmita, no te preocupes, yo te lo consigo, sé donde hay". Entonces ella le dio diez soles (de los antiguos) y una alforja nueva. Joshé recibió las dos cosas, salió de la casa y nunca más volvió.

Otro día, estando chuchuwasheado, se fue al cementerio y parándose en el centro de la entrada, con potente pero afeminada voz llamó al panteonero, que tenía por chapa Gollón, y cuando este se acercó, Joshé le dijo: "Mira, golloncito, quiero darte a conocer mi deseo para cuando me muera". El tal golloncito le preguntó: "¿Y cuál es tu deseo, Joshé?" Y este le respondió: "Cuando me muera, quiero que me entierren aquí". Y señaló el lugar donde estaba parado.

El panteonero volvió a preguntarle: "¿Por qué quieres que te entierren en este sitio?" El interrogado respondió al instante: "Golloncito, es que yo quiero que me pisen al entrar y me pisen al salir".

En algún momento, Joshé cometió un delito que merecía encarcelamiento y debido a que en Rioja no hay cárcel, tuvo que ser conducido a Moyobamba. Como siempre ha habido un resentimiento contra las autoridades de la capital departamental por cuestiones presupuestarias, cuando vieron que él estaba subiendo al carro, preso ya, un riojano manifestó este resentimiento al decir: "Estos desgraciados moyobambinos todo nos quitan; aishtá, nuestro único maricón también nos están quitando".

Es posible que haya más anécdotas de y sobre Joshé; de haberlas, ya lo sabremos y las contaremos en otra ocasión. Por el momento, punto final.
 
(Carlos Tafur Ruíz)//

0 comentarios:

Publicar un comentario