jueves, 13 de diciembre de 2012

Relato: Navegando con el maligno


Autor: Fidel Viena Meza
Fundador de REZISTENCIA. Periodista y escritor muy reconocido en San Martín. Falleció el 04/08/2010, arrastrado por una motocicleta manejada por un irresponsable. Publicó el libro "Las andanzas de don Cocama".

(Recogido por Daphne Viena)

En una madrugada de luna llena, don Ricardo, en compañía de su sobrino "Calepillo" cuando surcaban a remo, aguas arriba, del río Amazonas, a la altura de la isla de Tapira Grande, cercana al aserradero Puritánea de la acaudalada familia Vela Larrea, oriunda de la ciudad de Iquitos, capital del departamento de Loreto, un tunchi maligno silbó estridentemente, ¡fiiim!, entre el tupido cañabraval y ocurrió que don Ricardo, sin pensar en que el difunto le podría responder, rápidamente le dijo "¡Oye haragán, lejos de estar vagabundeando a esta hora de la amanecida, ven y ayúdame a bogar esí!"; por toda respuesta, sin más ni más, el espíritu maligno, al parecer, materializándose y produciendo miedo, obedeció al llamado, posándose en la popa de la pequeña canoa, haciéndola pesada e impidiendo su normal deslizamiento sobre la superficie del agua. "Calepillo", como ni conocía nada sobre estos fenómenos, no sintió temor; sin embargo, don Ricardo, conocedor de los mitos y leyendas de nuestra selva, con voz ronca dijo: "¡Boga so cojudo, remo adentro!" El niño de ocho años, obediente y sacando fuerzas de donde no tenía, profundizó la hoja del remo y bogó con todas sus fuerzas, tal como lo hizo su tío Ricardo, pero a pesar del esfuerzo, la pequeña embarcación no se movía, ni para atrás, ni para adelante, por lo que don Ricardo, reaccionando como buen selvático, elevando aún más su voz y sin mirar hacia atrás, gritó: "¡Carajo!", levantando el agua con su remo, amenazando bañarle al intruso. Y añadió: "¡Yo te he dicho que vengas a ayudarme a bogar, no a plantarte en la popa, pedazo de harrragán!" El maligno, sin más que hacer, se levantó, dejando la canoa como un papelito sobre las turbias aguas del río mar y ahí nomás, a cinco metros, donde estaba el cañabraval, un fuerte viento, comparado con un ventarrón, se dejó escuchar por un momento y se apartó dejando atrás a los dos viajeros madrugadores, quienes se dirigían al legendario pueblo de Yucuruchi, que se encontraba a pocas millas de la desembocadura del río Ucayali.

Ricardo, hazañoso, siempre decía no tener miedo; pero en este caso, demostró lo contrario y fue así que, inmediatamente, enfiló la proa rumbo a la banda para tomar el rabión (canal del río) sin por qué ni para qué. El pícaro "Calepillo", riéndose y atento a todo lo que ocurría, en sus adentros decía: "Qué dejado es mi tío, le ha tenido miedo al maligno". Por su lado decidió irse a la popa de la embarcación, lejos del alcance de las manos de su tío para jugarle una broma, diciéndole: "Tío, cómo pues dices que nadie te asusta, pero el malígno que ni siquiera le has querido mirar, te ha asustado como a un ucucha (ratón de monte) perseguido por el tigrillo. Hemos chimbado (vadeado) el río por miedo". El tío Ricardo, escuchando la osadía de su sobrino, quien le decía la verdad, a tono de risa le amenazó: "¡cállate muchacho, horita te voy a dar un remazo por igualante!", pero "Calepillo", riéndose, le siguió tildando de ¡miedoso, miedoso, miedoso! Y don Ricardo, como quien aceptaba su realidad, continuó remando en silencio.

Esta es otra historia que guarda el libro de nuestra selva.//

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