jueves, 13 de diciembre de 2012

Utopías y desvaríos (12)



Mi padre murió hace más de tres años, producto de un paro cardíaco, exactamente un 4 de agosto. Se encontraba esa mañana desayunando en casa de un pariente, cuando, sin que nadie lo previera, empezó a convulsionar. De inmediato le llevaron al hospital más cercano, pero llegó sin vida.

Un año después de lo de mi padre, es decir, el 2010, un amigo entrañable, periodista, narrador y cuentista oral, falleció tras sufrir un accidente fatal, dos días después de una penosa agonía. Curiosamente, su deceso también fue un 4 de agosto.

Reynaldo Vásquez (Cagacho), mi padre, y  Fidel Viena (Cocama), mi amigo, se frecuentaban hacía algún tiempo. La extraña coincidencia sobre el día de sus muertes (4 de agosto), según mis especulaciones, se remonta a un almuerzo, un mes antes del fallecimiento de mi padre. Ese día, más o menos hubo el siguiente diálogo:

—Reynaldo, ¿qué edad tienes? —preguntó Cocama.
—Sesenta y seis.
—¿Ah, sí? ¡Ya estás viejito!
—¿Yo? Querrás decir tú.
—Yo solo tengo 76 añitos; en cambio tú ya estás viejito —recalcó Cocama —¿a ver, quién va a morir primero? Te apuesto a que serás tú.
—A ver, pues... 

Y hubo risas estrepitosas, comida y tragos.

Luego, conforme fue pasando el tiempo, en forma imprevista, murió el gran Cagacho, artífice de mi existencia. Hasta hoy, imaginarle en esa caja de madera, muerto, me llena de tristeza.

Pero al año siguiente le tocó a Cocama. Fui partícipe de ese acontecimiento: dos días antes de verlo en su ataúd, le llevé en moto por varios lugares, para finalmente estacionarnos frente al local de una universidad privada, en el centro de la ciudad. Cocama se bajó, y mientras yo ponía seguro al vehículo, vi como hizo un ademán con su mano derecha, antes de arriesgarse a cruzar la transitada pista. Dio dos pasos, o tres, los suficientes para colisionar con un voluminoso tipo que iba en motocicleta, a toda velocidad. Enseguida el suelo lleno de sangre, la clínica, la agonía..., y, finalmente, su cuerpo sin vida. La fecha marcaba 4 de agosto. 

El año siguiente (2011), a propósito, tuve un pavor tremendo conforme se acercaba el mes de agosto, lo mismo me pasó el 2012; pero hoy, curtido de tantas situaciones que no sorprenden ya a nadie, debo asumir que lo acaecido con mi padre y Cocama, fue una mera casualidad. 

M.V.//

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