miércoles, 27 de febrero de 2013

Comentario del libro Yakuruna


De lo ancestral y de los orígenes del Chullachaki  
(a propósito de la novela Yakuruna, de Miuler Vásquez)

Vemos a Miuler Vásquez sumergido en un mundo ancestral-inhóspito enmarañado de lianas trepadas en colosales árboles, oscuras, embrolladas raíces de sigilosos y adustos renacos. Lo encontramos empapado con torrenciales lluvias lejanas; trampas de dioses enfurecidos que destruyen la vida  con aluviones furiosos. Allí nuestro amigo en actitud cervantesca  está con su pluma y tintero. Está escribiendo inspirado en ese verde laberinto, dejándose llevar por la imaginación se inmiscuye en el fantasioso testimonio de la  convivencia hostil de grupos humanos antiguos con la dura y temible naturaleza,  sobreviviendo en medio de desastres sin tregua. 

Nos cuenta que esos grupos legendarios, convivían con un mundo de presencias mitológicas y creencias fatalistas de árboles y seres insólitos en una complicación de temores, amenazas, peligros envueltos en un manto  fantástico, mágico con espacios de oscuro misterio, donde asoman el chullachaki y el maligno,  que escondido en esas lóbregas raíces de  renacos, más el vuelo tenebroso kouday, manifiestan  sombríos augurios de algo terrible.  

Sumergido en el contexto de un mudo épico nos explica el origen mítico de una  profunda expresión cultural de nuestra Amazonía: el Chullachaki; contenido en este breve resumen: 
Un Kuraka, líder  polígamo y cruel de una tribu legendaria que tiene entre sus esposas  a una joven y muy  bella nativa de quien esperaba un hijo. La mujer, al darse cuenta que era estéril, que no podría darle un varón al temible esposo;  a sugerencia de su anciana madre,  optó por tomar una pócima afrodisiaca, de raíces, hojas y cortezas para que fecunde sus entrañas. La mujer quedó embarazada y nació un varón. Por su terrible configuración: deforme con los pies desiguales y achuecados, y el pie izquierdo encogido, descubrieron  de que no era hijo del kuraka sino que había sido engendrado por la esencia selvática contenida en la pócima que le había convidado su anciana madre.

¡Chullachaqui! Fue la expresión  por la disimilitud de sus pies. Lo escondieron en la raíz de un renaco y le mintieron al "padre" que había sido niña. El hombre enfurecido mató a la bella joven. La anciana abuela huyó al bosque y cuidó y crió a su  nieto. El chullachaqui  creció y al verse terriblemente diferente a los humanos; al enterarse de su desgarradora historia, huyó a las profundidades del bosque a cobijarse en las raíces de los  sombríos renacos. Con muecas de sonrisa burlona engaña y confunde a los hombres en la selva hasta enloquecerlos. Su primera víctima fue un cazador que maltrató su aposento.

El chullachaki es hijo de una bella mujer ancestral, engendrado por una afrodisiaca pócima de cortezas hojas y raíces de plantas de la profundidad de nuestra selva, que ella tomó para fertilizar su vientre estéril con la finalidad de darle un hijo a su esposo, un tirano kuraka. 

(Lucio Córdova)//

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