domingo, 10 de marzo de 2013

Libros: El tunchi enamorado


El Tunchi enamorado (cuentos)
Darío Vásquez Saldaña
Contacto: talegario@hotmail.com

Un libro en verdad paradigmático, digno de la mejor atención por su originalidad, calidad, frescura, amenidad y dramaticidad en cada una de las diecinueve historias que lo integran.

Difícil encontrar, aquí en el Perú, otro de su talla, calibre y temple, dado a que nuestros autores latinoamericanos, por lo  general, con los modelos de Borges, Cortázar, Ribeyro, sino de Hemingway o de Faulkner, resultan creadores de cuentos en apariencia solemnes, 'serios' y acaban, por cierto, en una monotonía a veces inteligente, racional, pero mortalmente cosmopolita o citadina y tediosa. 

En "El Tunchi enamorado" cada una de sus tramas, situaciones y anécdotas, están logradas con libres reglas de juego, sin mellar el espíritu de su originalidad y esencia, y, mejor todavía, arraigando en la filosofía del cuento clásico y universal. Son cuentos de espíritu zamarro, socarrón y de ingeniosa picardía, muy cercanos a Bukovski, Pedro Juan Gutiérrez (cubano) y a las mitologías, costumbres y creencias de Loreto. Pero igual también nos evocan los "Cuentos de Canterbury" de Geoffrey Chaucer y, por momentos, los del "Decamerón" de Giovanni Boccaccio. Cada uno de ellos exalta la vida, rezuma vitalidad y una fogosidad lúbrica propia de los grandes temperamentos y talentos. Carnavalizan la vida y la banalizan hasta hallar en ella (como filosofía de vida, meollo de su identidad, raíz sensual de su tropical terruño) sólo motivos de divertimento, justificaciones para la lujuria, regocijo y fiesta de la carne y el placer de los sentidos, los que en el fondo de la trama, justifican la contumelia y el chongo palpitante y vivo de la existencia. Como si los cuentos de Vásquez Saldaña nos dijeran: ya basta de melodramas borgianos, el mundo no solo es kafkiano, busquemos la risa y el cachondeo en toda tragedia, en cada acto formal y humano. Y bien que lo logra. 

Sin embargo, detrás de la risa, el chiste y la broma, sus cuentos poseen la técnica de la inmediatez, son dinámicos, ágiles, claros; saben ceñirse al tema, jamás caen en descripciones insulsas o en atmósferas aburridas. Hieren donde deben aguijonear y cierran la historia o anécdota en el justo y preciso momento, sin que sobre o falte una palabra. Y si bien saben ser coloquiales también saben encandilar con términos, frases y giros dialectales propios de su región sin que la elocución castiza pierda brillo, sapiencia y nitidez. Méritos y quilates suficientes, en suma, para felicitar al autor de esta hermosa y refrescante obra literaria.
                      
(Cronwell Jara Jiménez)// 

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