domingo, 10 de marzo de 2013

Soy la mujer que piensa


Me es imposible "celebrar" este día de la mujer con copitas de vino y galletitas, rodeada de sonrisas y buenos deseos, como si fuera un cumpleaños. Me opongo a la forma superficial de decirme que soy importante y que tengo mi lugar en la sociedad "casi" como el hombre; me niego a los discursos recargados de elogios más inverosímiles y empalagosos sobre nuestros roles. No puedo "festejar" complaciente este día y mirar inmóvil la realidad de millones de mujeres que siguen siendo tratadas como seres humanos de segunda categoría.

Y aunque intentan maquillarlos, los datos oficiales en el mundo entero muestran las inequidades económicas, políticas, sociales y de género que subsumen a millones de mujeres, lanzadas a diario al deterioro de su salud física y mental; a la violencia intrafamiliar y social creciente; a la falta de condiciones para mayor acceso a una educación; a la discriminación laboral y los bajos salarios; y desde el otro ángulo, para mostrar más la barbarie, no podemos cerrar los ojos a los más de dos millones de niñas que sufren mutilación genital cada año y, en los conflictos armados, es imposible no sentir ira cuando las mujeres son tomadas como armas de guerra, o son víctimas de tortura, desaparición y violación. ¿Cómo puedo, entonces, sentirme feliz y celebrar este día en la comodidad de mi escuela o de mi hogar, cuando en cada extremo del mundo hay otras mujeres que son protagonistas de la más brutal realidad noticiosa?  

Todo recuerdo histórico sobre el origen de este día se oscurece cuando, aquí nomás, veo a Marcia, una mujer que trabaja ocho horas fuera de su casa, que ansiosa retorna al cariño de sus hijos y continúa con los quehaceres de su propio hogar. No descansa, no hay sosiego, no desmaya; en realidad "no hay tiempo para eso", dice con el rostro cansado y constantemente maltratado por el vago de su marido. Ella solo es un número entre incontables mujeres en el mundo que hacen que el día ocho de marzo tenga sentido para mí. Mujeres con un legado de intensa búsqueda de emociones para saciar sus necesidades más internas, desde amar con una entrega brutal y descarnada a un hombre, hasta amar al hombre y acompañarlo en la pelea más vital por su supervivencia.

Este es un día, no para recordar el papel de la mujer y de su dignidad dentro de la sociedad, ni para conmemorarla con frasecitas trilladas; tampoco solo para reconocer su participación en la construcción de una familia, en la conquista del mercado de trabajo, y en la lucha por su libertad de pensamiento con actos de valor y determinación tomados por mujeres corrientes. No. Es imperativo que este Día Internacional de la Mujer deje de ser un momento de reflexión sobre los progresos alcanzados, es un buen día para expresar un llamado al cambio. Un día que sabrá a mucho cuando la promesa de acabar con la postergación y violencia contra las mujeres se cumpla. 

(Escribe: Connie Philipps)

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