domingo, 2 de junio de 2013

 
 


Soy escritor por timidez. Mi verdadera vocación es la de presdigitador, pero me ofusco tanto tratando de hacer un truco, que he tenido que refugiarme en la soledad de la literatura. GGM.

Gabriel García Márquez, escritor, periodista y premio Nobel colombiano, nació en Aracataca, una aldea perdida en el Caribe colombiano que renace una y mil veces bajo el nombre de Macondo gracias a la extraordinaria capacidad fabuladora de su creador. Fue el 6 de marzo, así al menos lo afirma su hermano, Luis Enrique. Aunque ahí mismo comienza el misterio que rodea a la figura de "Gabo", porque un certificado y hasta él mismo apuntan su venida al mundo en 1928.

En Aracataca, García Márquez tuvo su primer acercamiento con las letras cuando encontró por accidente en el baúl de los abuelos un libro descuadernado y viejo. Eran "Las mil y una noches". Desde entonces comenzó su intensa relación con la literatura.

Estudió derecho, aunque su reducto favorito eran los cafés. No terminó su carrera. Una serie de acontecimientos y la publicación de algunos de sus cuentos en diarios colombianos, lo encaminaron por el mundo del periodismo y la literatura. En 1955 fue a Europa como corresponsal del diario El Espectador. En ese tiempo alternaba su trabajo con la preparación de su legendario cuento largo, o novela corta, "El coronel no tiene quien le escriba".

Se instaló en París y ahí tuvo que vivir de "milagros cotidianos". En la ciudad recogió botellas, revistas y periódicos viejos para obtener a cambio unos cuantos francos.

Luego de su paso por Europa, radicó en Caracas, se casó con "su novia de siempre" Mercedes Barcha. En Bogotá fundó la agencia cubana de noticias Prensa Latina. Más tarde se fue a vivir a Nueva York y luego a México, país en el que concibió lo que muchos consideran su obra maestra "Cien años de soledad".

Calificado como el juglar del siglo XX, García Márquez es no sólo el escritor en lengua española que goza de más prestigio en el mundo, sino también el más leído. Estas dos circunstancias han sido posibles gracias a sus extraordinarias dotes narrativas. Por esta razón es ya en vida una presencia mítica, que resistirá el paso de los años, y su obra admitirá tantas lecturas como lectores se aventuren en ella. Él ha despertado admiración por la personalísima mezcla de realidad y fantasía que lleva a cabo en sus obras narrativas, situadas siempre en Macondo, una imaginaria ciudad de su país. Pues en García Márquez la literatura y la vida van estrechamente unidas, y todo ello bajo la férrea unidad estilística de ese prosista excepcional que es el mayor juglar de nuestro tiempo, del hombre que por lo menos nos ha hecho menos infelices, o quizá rotundamente más felices en estos tan infelices tiempos que nos ha tocado habitar.

En el entorno más cercano, algunos de sus amigos destacan que Gabo es vanidoso y que le gusta estar al lado de los poderosos. Otros sostienen que, a pesar de la fama, este "colombiano universal" sigue siendo el mismo caribeño supersticioso de antaño que conserva el gusto por los vallenatos, el cine, la música francesa y el buen vino. Y mientras todos se ufanan de conocerlo, él se define: "Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas. Ese es mi caso. Me he negado a convertirme en un espectáculo, detesto la televisión, los congresos literarios, las conferencias y la vida intelectual".

DE SUS OBRAS

Gabriel García Márquez, que parece tan mitológico como fantástico, no deja nunca de ser real y cercano, y no es el creador de ninguna fórmula mercantil. Su magia expresiva nace de la recuperación del más clásico castellano de siempre, y se manifiesta de manera a veces exagerada e imaginativa para fortalecer sus contenidos reales, iniciados muchas veces de mitos universales de siempre. 

Su primer texto, "Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo", transita por el diluvio del Antiguo Testamento; "La hojarasca" nos refiere a Sófocles y la prohibición impuesta a Antígona de enterrar a Polinices; Remedios la Bella va al cielo en carne y alma como en la mitología cristiana: "Cien años de soledad" es una mitificación de lo real, como "El otoño del patriarca", mientras que "La mala hora" y "El coronel no tiene quien le escriba" son relatos de crítica social, y en la "Crónica de la muerte anunciada" hace estallar las costuras de la violencia realista en su pueblo. Pueblo donde reinan también el amor y la ternura, en "El amor en los tiempos del cólera"; y que lucha contra la intolerancia histórica en "Del amor y otros demonios". O el mismo pueblo cuya historia se trata en "El general en su laberinto", y llega hasta nuestros días en "Noticia de un secuestro". Nadie podrá ver aquí monotonía, ni dogmatismo, ni fórmula, ni truco alguno, sino variedad, diversidad, flexibilidad, apertura a todos los horizontes de la narración contemporánea, y acercamiento total a los problemas del hombre de nuestro tiempo.

Pero la obra de García Márquez y en particular "Cien años de soledad" constituye desde hace ya varios años una pieza indiscutible en todas las listas de los libros más importantes de los últimos cincuenta años, la última centuria o el milenio. Para el Waterstone's Magazine, dos títulos del escritor colombiano —honor que comparte con Graham Greene, E.M. Forster y J.R.R. Tolkien— forman parte de las cien obras más valiosas del siglo XX: la novela ya mencionada y "El amor en los tiempos del cólera". En la colección «Las 100 joyas del milenio», del periódico El Mundo de Madrid, de nuevo "Cien años de soledad "es el número cinco de la colección. Y una revista literaria suiza que llevó a cabo durante 1997 una encuesta en más de una docena de países, concluyó que García Márquez es el autor más leído de los últimos 100 años.//

(Escribe: Connie Philipps)

0 comentarios:

Publicar un comentario