sábado, 27 de julio de 2013

Opinión

 
 


LA CORRUPCIÓN, UN PRODUCTO DE BANDERA
Carlos Villacorta Valles

La corrupción en el Perú se ha convertido en un producto de bandera, no solo por su alta rentabilidad: montañas de millones de soles que lavan altos "funcionarios" públicos, sino porque quedan impunes. Quienes encabezan esta dorada bandera es de conocimiento público ―presidentes de la República, ex presidentes, congresistas y ex congresistas junto a sus hijos(as), suegras, suegros, amigos y financistas de campañas y solapados.

Estos charranes y sus cánidos, nunca llenan este saco corrupto, declaran bandera conquistada y, se declaran "patriotas y candidatos para hacernos vivir mejor", ¿no será para aprovecharse mejor? Y llevarse los milloncitos de saldo que quedaron después de su gestión, si otra vez vuelven a "ganar". Por eso nos piden votos, pero nos miran como a parias. Ellos no tienen patria ni sociedad, la única patria y sociedad es el dinero que hurtan y sus "empresas".

Como señala Paulo Freire en Pedagogía de la Indignación: "Las leyes del mercado bajo cuyo imperio nos hallamos establecen, con rigor, el lucro como su objetivo principal e irrecusable, y el lucro sin límites, sin condiciones restrictivas a su consecución. El único freno al lucro es el lucro mismo o el miedo a perderlo".

¿Por qué volvemos a votar por ellos? ¿Quién nos quitó la memoria? ¿Quién nos vendió la indiferencia con la política y la cosa pública? Si roban al Estado nos están robando a todos nosotros. Cuando llegan las elecciones, todos los candidatos ya tienen su parte y luego nos emborrachan con poses y palabras beneficiosas que nunca honran. Hablan con su boca "democrática" y no con su consciencia porque la tienen sucia. Para ellos estamos en democracia, pero nunca lo practican ¿Hasta cuándo seguiremos cambiando nuestros votos por cajas de fósforos? ¿Hasta cuándo se estremecerá nuestra barriga con esos discursos que nunca se cumplen?

Casi todos los medios de comunicación, principalmente la TV., son los encargados de establecer la estrategia de divulgar, promover y hacerla rentable.

La corrupción juega un altísimo rol para motivar a postulantes a la presidencia de la República, Gobiernos Regionales, Congreso, alcaldías y direcciones de instituciones educativas, quienes se encargan una vez en el gobierno y a su estilo, sembrar más corrupción en todas las instituciones del Estado, convirtiendo a su vez a la corrupción en una demanda nacional y local de fácil manejo para el enriquecimiento ilícito, sin trabajar.

El Poder Judicial es la mesa de partes, para el Visto Bueno de la impunidad y, el Ministerio de Cultura, seguramente estará gestionando para que se decrete a la corrupción como patrimonio cultural.
El Estado es una plaza del mercado, una feria de corrupción ¿Quién chupa mejor el fisco? ¡Yo mamo! ¡Tú chupas! ¡Ellos nos salvan! ¡Ellos nos eligen!

Imagínese amable lector, una pomposa ceremonia de condecoración para estos "políticos" y "funcionarios" por haber levantado bien en alto este "nuevo" producto de bandera del Perú, solamente desde 1990, porque a partir de esa fecha se masifica, dando como resultado la absoluta degeneración de la ya pervertida actividad política y la democracia, porque los más finos y profesionales inclusive consignan falsamente su hoja de vida, diciendo lo que no son y no les pasa nada. Otros viven con todos los lujos y comodidades y nadie conoce sus actividades económicas que no sea la política y, tampoco nadie los investiga, ¿no creen que hay que empezar a mirar profundamente debajo del agua?

Tan apetitosa es esta demanda que ―paraíso económico para ellos―, faltando años para las elecciones, ya se están picoteando entre corruptos, de uno y otro lado chillan sin ningún pudor, cada uno se cree el K'ollana*.

Como cernícalos se alimentan mientras se ayudan, apenas se chocan se agarran a picotazos corruptos. Gracias a ellos, los niños y jóvenes pierden las esperanzas en nuestro bello país.

En este sistema ―que no es nuestro―, la moral jamás evolucionará con el rápido accionar de la ciencia y la técnica. Sin embargo, la moral evoluciona como pretexto para delinquir con la plata del ESTADO ―NUESTRA PLATA―. La moral cuesta lo que la economía cuesta. Sigue vigente lo dicho por Arguedas en Todas Las Sangres: "…casi todos son iguales. El más adulón, el más canalla, el más bruto… ¡Autoridad! O ¡Funcionario!" 

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*K'ollana: el mejor, el excelso.

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