viernes, 26 de julio de 2013

Personaje ilustre: Mario Benedetti

 
 


Mario Benedetti (1920 - 2012)

Obras:   Poesía: "La víspera indeleble", "Poemas de la oficina", "Inventario".
Cuento: "Montevideanos", "La muerte y otras sorpresas", "Con y sin nostalgia", "Esta mañana y otros cuentos". Novela: "Quien de nosotros", "La tregua", "Gracias por el juego", "Primavera con una esquina rota". Ensayo: "Marcel Procest y 
otros ensayos", "Letras del continente mestizo". Teatro: "Pedro y el 
capitán". / Muchos otros trabajos quedaron inéditos.

Vida y personalidad literaria

Uno de los más grandes escritores latinoamericanos del siglo XX que participó activamente en su avance y transformación social. Poeta y narrador uruguayo, nacido en Paso de los Toros. 

Desempeñó diversos oficios: vendedor, contador, cajero, periodista, traductor y funcionario público.

Se adhiere activamente a la causa revolucionaria, por lo que tiene que exiliarse tras el golpe militar en su país. Estuvo en: Argentina, Perú, Cuba y España.

Con Ernesto Cardenal, son iniciadores de la poesía coloquial en el 50. Aborda un  tema hasta entonces no tocado por nadie: el mundo de las oficinas y del pueblo trabajador, las secretarias en el ascensor yendo a servirse refrigerios, los novios en el cine, el trabajo de la gente en la ciudad, lo individual y lo colectivo en el ajetreo de la gran urbe. Lo vemos en "Poemas de la oficina". Muchos de sus poemas han sido musicalizados. Jamás sus cuentos y poemas se desprendieron de la realidad inmediata. Los personajes de la clase media son presentados con hondura psicológica y cálido sentimiento de fraternidad y amor. Luchan contra la gran urbe de fierro y cemento para no deshumanizarse, más bien vigorizarse conservando su individualidad cada uno de estos héroes anónimos. Es ese sentido, sus temas se universalizan mostrando los mismos problemas que se dan en todas las ciudades del mundo. Así se siente cuando recorremos sus poemas reunidos en "Inventario".

En sus cuentos denuncia las verdaderas relaciones humanas disfrazadas por los verdaderos convencionalismos sociales y otras tensiones de la vida moderna. Lo acompaña siempre con la crítica mordaz, la ironía social, el humor y la sátira, unida al testimonio directo y dolorido, pero apuntalando con la reflexión política. Su lenguaje es sencillo, el de la gente que se ajetrea trabajando. Con sinceridad y fuerza denuncia la frustración social.


La noche de los feos

1
Ambos somos feos. Ella tiene un pómulo hundido, desde los ocho años cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, desde mi adolescencia. Sus ojos como los míos están llenos de resentimiento, nada tiernos, ni reflejan la poca resignación para enfrentarnos a nuestro infortunio. Quizás eso nos haya acercado. Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola; allí fue donde nos examinamos y registramos nuestras soledades. Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una hojeada a mi vieja quemadura. En la penumbra podía distinguir su hermoso pelo rubio, su lado normal.

La esperé a la salida y luego la invité a que charláramos un  rato en un café o en una confitería. De pronto aceptó. Nos sentamos y mientras esperábamos los helados, miró el local. "Un lugar común ―dijo―, tal para cual". Hablamos largamente, más de hora y media. Lo hicimos con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad. "Usted se siente excluida del mundo ¿verdad?". "Sí". "¿Usted admira a los hermosos y normales?" "Si" "Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo". "¿Algo como qué?" "Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámelo como quiera. Prométame no tomarme por un chiflado". "Prometo". "La posibilidad es meternos en la noche, ¿me entiende?" "No". "Tiene que entenderme, lo oscuro total. Donde usted no me vea. Donde yo no la vea. 

Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?" Se sonrojó. "Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca". Ahora sí me miró, preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico. "Vamos", dijo.

2
Apagué la luz y corrí la doble cortina. No quiso que la ayudara a desvestirse. Por mi parte estiré cautelosamente una mano hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron. En ese instante comprendí que debía superar aquella mentira que yo mismo había fabricado. Me armé de coraje y lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. Mis manos pasaron muchas veces sobre sus lágrimas, y cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.//

              (Cuento condesado por  O.G.S.)


Gracias vientre leal

"A nadie", había dicho el Colorado, esa noche, "ni siquiera tu mujer debe saberlo". Al día siguiente, temprano, tendrían que llevar a cabo, con Alfredo, la peligrosa misión. El riesgo que corrían implicaba guardar el más absoluto silencio. "¡Ni a tu mujer, ya sabes eh! Bastante caro hemos pagado ya eso y otros liberalismos".

Como siempre Marta le esperaba en la cena y estaba más linda esa noche, con su vestido azul, tanto que a él le vinieron unas ganas tremendas de quitárselos. "¡Que linda estas hoy!", le dijo. "¿Hoy nomas? Voz en cambio estas feo", bromeó ella. "El hombre es como el oso". "Sí, mientras más feo, más espantoso". "Mira, no limpies la cocina esta noche. Déjalo para mañana. Ven, quiero quitarte yo el vestido". Extrañada ella dijo "¿qué pasa amor?" "Nada", le respondió. "¿Y usted no se piensa desvestir, compañero?" Marta advirtió que esta era una noche excepcional. No sabía la razón; pero cuando lo sintió emocionarse hasta las lagrimas, pudo suponerlo. Ya no fueron tan necesarias las palabras en el cariñoso lenguaje "cifrado" del amor: quedaron fatigados, satisfechos, unidos.

"Hacía mucho que…" "Sí, ocho años de casados. Decime: ¿pensás seguir militando?", preguntó ella. "A veces tengo miedo, todo se está complicando. Ya han caído tantos". "Ten cuidado: no asumas riesgos mayores". "¿Vos me quisieras si me acobardo y flaqueo?" 

Sumida en la sinceridad, así le habló: "No sé, pero es que… creo que te querría igual. Estoy contenta porque nosotros andamos bien. Lo del país me amarga claro, pero te confieso que todavía no soy tan generosa para anteponer el destino del país al nuestro. Para mi vientre vos sos mi único compromiso. Lo que pasa es que soy un vientre leal ¿No crees?" Él la abrazó fuerte. Se durmieron de a poco, confortándose con la piel del  otro, como si el simple tacto los pusiera a salvo de aquella desgracia.

Cuando aclaró, el se despejó por completo. Marta dormía boca abajo, sin sabana: realmente una gloria. Se vistió rápido y en silencio, y antes de irse garabateo en un papel: "gracias vientre leal".

     (Cuento condesado por  O.G.S.)


oh quepis, quepis, qué mal me hiciste

1.  El obrero le dijo al militar progre­sista: "Buenas intenciones tal vez, pe­ro serás mandón hasta la muerte". El militar progresista le dijo al blanco nacionalista: "¿Querés que te sea franco? Tu reforma agraria cabe en una maceta". El blanco nacionalista le dijo al Batllista: "Lo que pasa es que ustedes siempre se olvidan de la gente del Interior". El batilista le dijo al demócrata cristiano: "Yo es­cribo dios con minúscula ¿y qué?" El demócrata cristiano le dijo al so­cialista: "Comprendo que seas ateo, pera jamás te perdonaré que no creas en la propiedad privada". El socialis­ta le dijo al anarco: "¿No se te ocu­rrió pensar por qué ustedes no han ganado nunca una revolución?" El anarco le dijo al trosco: "Son un gru­púsculo de morondanga". El trosco le dijo al foquista: "Estás condenado a la derrota porque te desvinculaste de las masas". El foquista le dijo al bolche: "También ustedes tuvieron delatores". El bolche le dijo al pro­chino: "Nosotros nos apoyamos en la clase obrera: ¿también en este nos van a llevar la contra?" Y así sucesi­vamente. "Apunten ¡fuego!", dijo el gorila acomodándose el quepis, y un camión recogió los cadáveres.               (Fragmento)



¿Qué les queda por probar a los jóvenes?

¿Qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de paciencia y asco?
¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo?
también les queda no decir amén
no dejar que les maten el amor
recuperar el habla y la utopía
ser jóvenes sin prisa y con memoria
situarse en una historia que es la suya
no convertirse en viejos prematuros

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de rutina y ruina?
¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas?
les queda respirar / abrir los ojos
descubrir las raíces del horror
inventar paz así sea a ponchazos
entenderse con la naturaleza
y con la lluvia y los relámpagos
y con el sentimiento y con la muerte
esa loca de atar y desatar

¿qué les queda por probar a los jóvenes
en este mundo de consumo y humo?
¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas?
también les queda discutir con dios
tanto si existe como si no existe
tender manos que ayudan / abrir puertas
entre el corazón propio y el ajeno /
sobre todo les queda hacer futuro
a pesar de los ruines de pasado
y los sabios granujas del presente.


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