sábado, 27 de julio de 2013

Utopías y desvaríos (37)

 
 


Me has quitado el sueño, de hoy a la eternidad, y te has introducido en lo más profundo de mis deseos, a toda prisa, aguijoneando mis ánimos con punzadas de fuego y endureciendo estos músculos que llevo a cuestas en la privacidad de mi avance.

Si te veo venir, en sueños, o a través de una pantalla, imagino que tus manos me atrapan con precisión, cálidamente. Yo entonces me olvido de todo, incluyendo de mis obligaciones. En este tiempo, lo intuyes, lo sé, me domina la ansiedad y alguna esperanza disimulada en tus palabras.

Si te vas, no obstante, se pierde la magia, me cuesta adaptarme a otras formas. Y aun si busco una salida, lo que encuentro es un desenlace atroz, gélido, de adormecido final.

En mí, hay una gran necesidad de dar contigo, lo reconozco. Debe ser pronto, ni mañana, ni tal vez, ni nunca: hoy, en este instante.

Que entrambos no existan preguntas ni respuestas, tampoco miremos esa realidad que tanto asusta a los humanos comunes y corrientes, no hoy; más bien acércate, cierra los ojos y saltemos a esa consagración que nos aguarda en alguna cama.

Ven sin prejuicios, sin asustarte de mi esencia ni de la tuya, y asume que estás en el lugar de tus anhelos, rodeada de la poesía que alguna vez inspiró tu carne, o de esos versos rescatados del vacío, que son tuyos y que vas a poder escribirlos con tu cuerpo, a tu manera, balanceo tras balanceo.

Y me vas a gobernar... No importa: aquí estoy. Ejerce tu poder, aprieta mis órganos, succióname la vitalidad, atragántate de mi ser..., lo que quieras; yo, en tanto, he de mantenerme rígido, bondadoso, atento a tus órdenes. 

Enseguida, en la etapa de desolación ―que es la que antecede a la realidad―, la tregua, o el descanso, o la oscuridad, nos hará olvidarnos de todo rango jerárquico. Aquí nos detendremos, me abrazarás con énfasis, y yo te daré un beso en la frente,  hasta que los minutos, no más de diez, nos alerte del final.

"Ansío encontrarte", he de pensar por mi cuenta ―como ahora―, un segundo después de verte partir. 

(M.V.)

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