sábado, 19 de octubre de 2013

Coulumna de uno: Cinema Paradiso



Cinema Paradiso

Iba a empezar a escribir este nuevo artículo pensando en un tema que a muchos les hubiera encantado leer, pero siempre mi instinto termina venciéndome. Me autosaboteo, me traiciono, pero esta vez esta decisión es dulce, sensible y hasta podría ser nostálgica: Las bandas sonoras del cine, las músicas que nos acompañan durante toda la proyección, las canciones de amor y suspenso. Imagino que tienen en mente muchas de ellas: a Rocky Balboa peleando por dejar en alto el nombre de su país y como mensaje subliminal la canción “Ojo de tigre” de “Survivor”, o sin ir muy lejos, a la archiconocida “Armagedón”, salvada de su incipiente historia de amor por el acompañamiento de la espectacular banda sonora de “Aerosmith” y su no menos popular canción “I dont want to miss a thing”.

Son algunos ejemplos de películas, cuya banda sonora las salvó del rechazo masivo de la concurrencia cinéfila, sin embargo hay historias buenas, guiones espectaculares, bandas sonoras que tienen vida propia, que se apoderan de nuestras mentes provocando recuerdos que nos evocan los sentimientos más puros. Hace poco adquirí la banda sonora de uno de los filmes que marcó mi inspiración con respecto al cine: “Cinema Paradiso”, un conjunto de músicas creadas y dirigidas por un genio Ennio Morricone.

La historia de Totó, de cómo su afición al cine fue naciendo por una condición natural de todo varoncito, saber cómo es el primer beso (vale recordar que en tiempos de guerra, las escenas de amor en las películas se censuraban y cortaban) a través de las proyecciones en el cine de su pueblo conocido por todos: “Cinema Paradiso”. Su relación amical con Alfredo, el viejo proyeccionista de quien va aprendiendo algunas enseñanzas sobre la vida y sobre el buen cine, se refleja de forma melódica en la canción “Totó y Alfredo” que acompaña a las escenas de ambos personajes, las más tiernas de la película, que supera inclusive a la historia de amor del protagonista, cuando después de cortejar a Elena y que esta lo correspondiera, su amor se ve truncado por la desaprobación de sus padres. O la instrumental “Cinema on Fire”, cuando la tristeza por el siniestro de fuego que consume el cine se mimetiza con los sentimientos del espectador, interiorizando las escenas de manera espectacular. Como escribí líneas arriba, la canción que representa a este clásico del cine es “Toto y Alfredo”: un himno a la alegría, una oda a la amistad; cada nota es un salto al vacío desde una nube de nostalgia y una caída forzosa al buen gusto.

Cerrar los ojos y sentir que uno es Alfredo o quizá Totó, es una aventura casi mágica, como cuando muchos años después, mientras Salvatore (Totó) se ve convertido en todo un gran cineasta, cuyos éxitos han sido proyectados en el nuevo cine de su pueblo y a los que Alfredo ha visto uno por uno, vuelve por la trágica noticia de la muerte del anciano proyeccionista y se encuentra con la sorpresa que le había dejado un legado, una pequeña herencia que consiste en un carrete de cinta que al proyectarlo le saca más de una lágrima, ya que contenía todas las escenas de amor y los besos de las películas que la dictadura censuró.  Esta obra maestra del cinees musicalizada por Ennio Morricone, el mismo que estuvo a cargo de las bandas sonoras de más de 500 películas, entre las que figuran: “El bueno, el malo y el feo”, “Malena”, “Los Intocables”, “Baaria”, “Érase una vez América”, entre otros éxitos, llegando a recibir el Óscar honorífico el año 2007.

“Cinema Paradiso” es recomendable para todos quienes disfrutan no solo de un buen guión, sino de la música que encumbra al cine como el Séptimo Arte, por la variedad de sensaciones que transforma e impregna en nosotros.

Víctor Manuel Nieves Pinchi.

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