lunes, 23 de febrero de 2015


Crónica:

De lo que me sucedió
por el mal servicio de
telefonía que hay en
Tarapoto

Escribe: Miuler Vásquez

El servicio de internet de una conocida empresa que opera en Tarapoto, es el peor servicio del mundo; sin embargo, otro es el discurso que usan para venderte: te ofrecen servicios adicionales, cuyos beneficios parecen ser innumerables.
Me ofrecieron internet de 4 megas, hace muchos meses atrás, pero no recuerdo una sola vez que la transferencia de archivos haya superado los 100 KB. Es decir, una estafa total.
Cuando uno hace un reclamo, debe llamar por lo menos unas cien veces para ser escuchado. Y cien personas diferentes, todas amables, te solucionan los problemas en las próximas 48 horas, pero no se sabe a partir de qué día. Enseguida de estos trámites vía teléfono, debes ir a la oficina donde operan y hacer una enorme cola, firmar documentos, etc., para finalmente tener acceso a las últimas 48 horas finales de solución de tu problema.
En afanes de reclamos, justamente, andaba yo esta mañana. Y he aquí la impresionante historia que me sucedió.
Debía entregar esta página cultural al diario voces, por tanto, dado a que no tengo internet, me fui a la casa de un amigo, apresurado, para usar el suyo. En el trayecto, avancé raudo por entre unas calles concurridas, hasta dar con un grupo de policías a quienes no pude justificar el no uso de mi casco. Luego recibí una llamada urgente para recoger una encomienda. Fui. En ese lugar extravié mis documentos, incluyendo dinero. Cuando fui conciente de esta gran pérdida, di la vuelta en mi motocicleta, a toda velocidad; pero la llanta trasera resbaló y caí, felizmente en un charco y no en el concreto. Así, sucio, fui a recuperar mis documentos, en el mismo lugar donde pensaba iba a encontrarlos.
Por todos estos sucesos, decidí volver a casa, para cambiarme, descansar, olvidar; sin embargo, de pronto empezó a llover torrencialmente. Avanzaba, y la lluvia caía cada vez más fuerte. Me mojé todo.
 La empresa de telefonía tiene toda la culpa, por brindar un servicio de mierda, iba pensando. Después, como un loco, empecé a reír. Es más, expuse mi pecho a la lluvia, qué diablos, ¡estaba vivo!

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