martes, 24 de febrero de 2015

El fin del pesimismo de Carlos

El fin del pesimismo de Carlos

Escribe: Carlos Villacorta Valles

Uno de esos días aciagos para Carlos, Gabriel le anunció angelical el “fin de las ideologías”, y, para que no quepan dudas y Carlos se convenza de una buena vez, le anunció que la historia también llegó a su fin.
Carlos, que era un lector empedernido, que buscaba siempre el por qué de las cosas, le preguntó a Gabriel:
—¿Me estás diciendo que el pensamiento no va más?, o lo que es peor, ¿que llegó a su fin el razonamiento y la crítica?
—¡Si! ¡Si! ¡Claro que si! —le contesta Gabriel—. Y seguro quieres que te diga por qué. Pues, aquí lo tienes: el ser humano está dejando de ser súbdito, está volviéndose desobediente, ya no tiene miedo y se indigna y rebela por pequeños errores que comete el sistema.
Bien reflexivo, Carlos le esputa la interrogante certera:
—¿Quién decretó tamaños acontecimientos?
Gabriel, un poco meloso le responde ayayero:
—Tú sabes Carlitos, que EEUU es el centro de las grandes innovaciones y adelantos mundiales. Son ellos los que decretaron el fin del pensamiento, el “fin de la historia”, por algo, Fukuyama, es director delegado del Cuerpo de Planeamiento de Política del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Cayó el “Muro de Berlín” y hay que levantar el “muro de la libertad”, dijeron. Luego lueguito, Gabriel se retira como flotando y parecía que tenía alas.
Carlos, rápidamente se sumerge en lo más profundo de sus pensamientos, antes de que ellos lo abandonen según la profecía yanqui. Camina por todos los rincones, pregunta por aquí y por allá, lee, investiga, reflexiona, razona, se somete a crítica y grita:
—¡Estupidezzzzzzzzz! Casi me dejo convencer, ese muro ya existía, ese proceso viene de antes, sino que esta vez se lo anuncia con gran desfachatez, escribiendo libros. Ese muro anunciado en 1989, es el más charlatán, por que se construye con la más oscura definición. Pobre mundo mudo, tenemos el muro más largo, compuesto de ladrones, charlatanes y asesinos. Muro capitalista, muro de clase: de pobreza, desnutrición, monstruosa desigualdad social, falsa democracia, militarista, que son también muros de vergüenza, no tan invisible que digamos. Y ahora se lo anuncia —sigue reflexionando Carlos—. ¡Qué desfachatez! Nooooooo ¡Qué cinismo! Hipocresía.
Carlos, un poco súper de su aciago día, va en busca de su amigo Federico, a quien le encuentra meditabundo:
—Oye Federico —le dice reflexivamente—, ahora nos han tendido el muro de la estupidez…
—Y la imbecilidad —le contesta Federico—. Estaba pensando igual cuando me interrumpiste. Saca tu pluma —le dice Federico—, por eso:
Han mutilado la enseñanza y la esencia del estudio de la filosofía y de las ciencias sociales en todos los colegios y universidades.
Han empobrecido la lectura y las bibliotecas y encarecido los libros, y las librerías acaban cerrándose.
Se ha dejado sin presupuesto toda manifestación artística para niños, jóvenes y nuestros pueblos, y encarecido los espectáculos públicos.
Se ha instalado un chip negativo en nuestras mentes que nos repite a cada momento que la “cultura no vende”, “la cultura es inútil”.
Ahora, se aumentó el presupuesto a la información manipuladora, inclusive se aumentó la pantalla del “entretenimiento”, que ofrece la TV, plasmas gigantescos para que nuestros niños y adolescentes puedan ver morbo, sensacionalismo y el escándalo con mayor comodidad. Hasta los noticieros son así, morbosos, sangrientos y delincuenciales, importando sólo la ganancia económica. La TV genera formas de conductas conflictivas y agresivas. Primer paso a la delincuencia. “Aunque usted no lo crea”.
Lo dice Giovanni Sartori, en su libro Homo videns, la sociedad teledirigida: “Vivimos en la cultura de la incultura”. Denuncia claramente cómo la TV anula la capacidad de comprensión e interpretación de los niños y  jóvenes, creándoles más dependencia y debilidad frente al sistema delincuencial que vivimos.
—Hay que seguir reaccionando con más fuerza —de pronto, Carlos y Federico, dicen a una sola voz—. Seguir anunciando por nuestro lado que: el arte, la poesía, la filosofía, las ciencias sociales, bien estudiadas y elaboradas, nos curan de la estupidez y la imbecilidad. Hacen posible que comprendamos por qué la vida es así, que en realidad, no es la vida, sino los que controlan la vida la hacen así. Ahora tenemos que AUTOEDUCARNOS con mayor firmeza, tenemos que leer y estudiar por nuestra propia cuenta. Ahora tenemos que volver a empezar todo. Como dice Javier Heraud en uno de sus hermosos poemas:

(…) Tendremos que llegar al mismo
nacimiento del camino, rehacer todo (…)”

Tenemos que seguir soñando que la utopía no es un desvarío. Es posible y conseguible otro aire, otra luz y otra vida; depende de nosotros. Forjar colectivos culturales y artísticos, nada es difícil si recuperamos las ganas. Llegó la hora de redimirnos y redhibir. Llegó la hora de cantar de madrugada.
—Ahoraaaaaa, es el fin del pesimismooooooo —gritó Carlos. //

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